El Grupo de investigación “Rebirth Inhabit” de la Escuela Politécnica CEU San Pablo de Madrid propone, como iniciativa complementaria de su investigación, un viaje de estudio para los alumnos de la Escuela de Arquitectura.

Estos viajes “Rebirth” se plantean como viajes solidarios y de cooperación con el tercer mundo. Su finalidad es el estudio de situaciones de emergencia para obtener soluciones más eficaces y mejor adaptadas a las necesidades de las poblaciones afectadas. El análisis in situ de las circunstancias particulares de cada caso es fundamental a la hora de establecer unas pautas de trabajo correctas.

El viaje a Benín, primer viaje de cooperación del grupo Rebirth, se programa con este esquema de trabajo y en estrecha colaboración con los proyectos humanitarios que existan en los campos de refugiados.

El viaje Rebirth es, ante todo, un viaje de investigación con un compromiso expreso de cooperación profesional y técnica para mejorar las condiciones de vida de las poblaciones desplazadas. Un viaje que profundizará en el conocimiento de las culturas locales, un viaje respetuoso, responsable, enfocado a compartir experiencias con la población autóctona con el fin de que repercuta en el desarrollo del país y la adecuada integración de estos pueblos en el exilio.

Introducción

 

El África occidental es la gran desconocida para Europa.

Benín es un país con antiguas y gloriosas capitales de un pasado imperial, sus barrios coloniales, sus museos, sus calles y espacios singulares como puede ser el mercado nocturno de las Almas en Dahomey. Costas de un pasado colonial, enriquecidas por el tráfico de esclavos con el nuevo mundo, con Brasil, Haití y Cuba… la historia del esclavismo empieza aquí. Pequeñas ciudades llenas de ritos que mezclan cultos animistas y religiosos occidentales, como el tan conocido vudú, y pueblos de pescadores con secretos ancestrales y religiones tradicionales situados entre las arenas doradas del golfo de Guinea y lagunas interiores, aldeas de madera sobre pilotes, una Venecia africana rodeada de agua y una espesa vegetación.

Las culturas de este país son de las mejor conservadas del África occidental, entre ellas destacan las Adja, Ewe, Fons, Somba y Baribas. A través de sus poblados lacustres, sus casas castillo y los poblados de barro conoceremos paisajes únicos entre estas comunidades.

 

Los Campos de refugiados de Benín

 

Aunque la situación ha mejorado en los últimos años y gran parte de los refugiados togoleses han regresado a su país siete años de exilio, existen aún más de 7500 refugiados en Benín, de los que unos 3500 son togoleses. El resto de esta población procede de la Republica Democrática del Congo, de Nigeria, de las islas Comores y del Tchad.

Según datos de ACNUR viven en los campos de refugiados de Agamé, Kpomassé y en la misma ciudad de Cotonou.

Esta población desplazada pide nuevas reubicaciones ya que en los actuales campos la vida es muy difícil: las condiciones mínimas sanitarias y salubres apenas existen.

 

El campo de refugiados de Agamé es llamado por sus habitantes “el lugar”. Un lugar en medio de la naturaleza en el que sus habitantes viven con el deseo de transformarlo en poblado. La vida cotidiana está condicionada por el temor de la despedida y la necesidad de construir hogares que recuerden los que han dejado.

Las 3000 personas que viven en este campo, situado en un palmeral, pasan la mayor parte del día reconstruyendo sus refugios, plantando sus alimentos y lavando sus ropas, actividades similares a las de cualquier poblado cercano.

 

Las diferencias entre el campamento y los poblados locales las marcan sus gentes, y el hecho de que no quieren estar dónde están.

El campamento lo compone un mosaico de personas exiliadas muy variado: universitarios, granjeros, población urbana y población rural, del norte y del sur de Togo.

Este campo ya no recibe ayuda alimentaria por parte de la ONU y sólo tienen acceso al agua. Sus habitantes ni siquiera tienen papeles oficiales como refugiados.

Pero su combate político continúa camuflado en las actividades diarias propias del campo. Un combate sin futuro como el de sus habitantes, la mayoría hombres solos, al haber regresado a su país sus mujeres e hijos, que han perdido todo, amenazados y sin esperanza de ser realojados en otro lugar.