SOBRE LO APOLÍNEO Y LO DIONISIACO

Una aproximación a Nietzsche

Gobierno Civil de Tarragona. 1954-1957. Alejandro de la Sota

Planta de una casa cueva en Paterna.

 

En 1969 con 24 años Friedrich Nietszche es nombrado catedrático de filosofía clásica en la Universidad de Basilea. Sin presentar Tesis es nombrado Doctor por la Universidad de Leipzig sobre la base de los trabajos publicados por él en la revista Rheinisches Museum. Para dar fe de sus conocimientos ante sus colegas escribirá un libro, con claras influencia de Schopenhawer.

Su gran consejero fue su íntimo amigo Richard Wagner.

Nietszche era sobre todo un enamorado de la filosofía y un gran conocedor de la música y el teatro. Sus ideas aparecen en “el drama musical Griego” y “Sócrates y la Tragedia”, ideas mal acogidas por sus ataques a la gran ópera, en gran parte debido a los malentendidos que sugerían sus teorías.

 

En su libro “El nacimiento de la Tragedia”, nos presenta una visión dionisiaca del mundo, desde el mundo clásico griego, lleno de pesimismo y drama trágico. En su teoría de la experiencia de la vida y de la muerte, todo es uno…la muerte como reencuentro con el origen, como el placer supremo, como la liberación del ser humano.

En su ensayo de autocrítica nos da una imagen de la ciencia con la óptica del artista, y una imagen del arte con la óptica de la vida…dolor y sensibilidad, anhelo de belleza.

El arte es la actividad propiamente metafísica del hombre. Sólo como fenómeno estético está justificada la existencia del mundo.

Nos presenta una visión de Dios-artista, amoral y sin escrúpulos, sin necesidad implicada en la plenitud y sobre plenitud, con un sufrimiento por la antítesis en él acumulada.

El Mundo busca en cada instante la alcanzada redención de Dios.

Es una visión del ser eternamente cambiante y nueva, sufriente, antitético, contradictorio y que sólo en la apariencia sabe reprimirse. Nos plantea una metafísica arbitraria, no a la moral de la existencia.

El desarrollo del arte está ligado a la duplicidad de lo apolíneo y lo dionisiaco…

Apolo y Dionisio como divinidades artísticas, antitéticas en el mundo griego en su origen y metas.

Arte apolíneo como el arte del escultor y Arte dionisiaco como el arte no escultórico como el arte de la Música. Instintos muy diferentes que marchan el uno al lado del otro, discutiendo y excitándose, y dando de esta confrontación frutos nuevos y vigorosos. La voluntad helénica nos muestra ambos mundos ligados entre sí, engendrando la obra de arte de la tragedia ática, a la vez apolínea y dionisiaca…dos mundos artísticos, el sueño y la embriaguez.

 

Para Lucrecia es en el sueño dónde se presentaron por primera vez las figuras de los dioses, dónde el escultor admiraba la fascinante estructura corporal de los seres sobrehumanos.

Vivimos bajo una apariencia: debajo de la realidad en la que vivimos y somos yace oculta otra completamente distinta…Se nos presenta lo Onírico, los ensueños, la ilusión y la fantasía.

Se no plantean dos relaciones:

La del filósofo y la realidad y la del hombre sensible al arte y la realidad del sueño.

De la contemplación minuciosa y placentera de estas imágenes se deduce la interpretación de la vida. Nuestro ser más íntimo experimenta el sueño en sí con profundo placer y alegre necesidad.

 

Apolo es el dios de todas las fuerzas figurativas, el “Resplandeciente”, la divinidad de la luz, domina también la bella apariencia del mundo interno de la fantasía. Mesurada limitación, saber estar libre de las emociones salvajes, mantener ese sabio sosiego del dios-escultor. (Ver Schopenhauer, “el hombre cogido en el velo de Maya”).

 

 

 

APOLÍNEO

Sueño

Otoño

Sujetivo

Ilusión

Fantasía

Escultura

Aéreo

Blanco

Aire

Limitación

Sosiego

Figurativo

Luz

Cerebral

DIONISIACO

Embriaguez

Primavera

Objetivo

Narcótico

Orgía

Música

Rupestre

Negro, Rojo (Tierras)

Tierra

Exceso

Desenfreno

Abstracto

Oscuridad

Corporal

Prof. Luis Casillas Gamboa